ALFI
Alfi

Salió desde su residencia para asomar su mirada al mundo exterior, una volcanada de aire frío le acarició el rostro. Quedó asombrado ante la magnificencia del espectáculo que gratuitamente se ofrecía ante sus ojos. Se distrajo un segundo.

Miró la cuidadosamente, nadie caminaba por las calles de la ciudad; claro, pensó ¡es muy temprano aún! Sólo un distraído automovilista pasó con somnolienta mirada conduciendo su vehículo en dirección desconocida.

El Alfi, lo observó con cierto temor, pensando, tal vez, que pudiera descubrir su furtiva presencia en la neblina que acariciaba a esa hora de la mañana las dormidas calles de la ciudad. El interés principal de Alfi era pasar totalmente inadvertido.

Quería curiosear por las calles y avenidas, ver lo que habitualmente los habitantes del azul planeta, quizás, por la rutina no podían o no querían observar. Lo que es rutina no puede descubrirse.

El silencio de la neblina al levantarse, poco a poco durante el amanecer, la brisa suave del aire al mover las hojas sueltas de los árboles, los primeros rayos del sol besando la corteza terrestre o acariciando los vetustos edificios que lentamente comenzarían a cobrar vida. Pasando del silencio al bullicio.

EL Alfi, mezcla de ángel y ensueño, se desvaneció en el retorno a la morada que desde su llegada a la Tierra le acogía y entregaba resguardo a las indiscretas miradas y pensó "Pobres humanos, no saben valorar lo que poseen , miran sin ver, pasan la vida y no la viven , duermen y no sueñan".

* 1997