EL FRUTO DE LOS SUEÑOS

Era claro el día, rebosante de pureza, suave el aroma de la primavera se esparcía hasta cada uno de los rincones del pueblo y el alma pura de cada uno de sus pobres y simples habitantes. Las calles desparejas, las casas pequeñitas cubiertas de humo, humo negro, contraste abierto con el alma blanca y pura de todos.

Entre todas esas casas vive Rosita, acumulando en su vientre el fruto del amor, un pequeño que jamás conocerá a su padre. ¿Por qué? Cosas del destino. A pesar de ello, la joven está feliz. Con amor desinteresado entregó la flor de su vida a aquel que dijo amarla y llena de cariño, espera el fruto no siempre esperado de los tantos sueños juveniles. ¿Cuánto hacía que lo había conocido? Era mejor no recordarlo. ¿Quién era? ¿Sería realmente interesante saberlo?

¡¡¡ Rosa!!!.... vení que te necesito.

¡ Sí mamá, voy!

¿Qué te pasa niña, si parece que andas en la Luna?

Nada mamá, sucede que estaba pensando. Respondió la joven mientras caminaba hacia donde su madre.

¡Claro, seguro que pensabas en el desgraciado ese...!

No mamá... este...que...

Nada, vamos a la huerta. Indicó la madre y salió.

Que malo, sacarla de sus íntimas cavilaciones. No, no era en él en quien pensaba, era en el futuro de su hijo luego de nacer

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