STRAUSS
Sin hablar observaba el desarrollo de la fiesta. Risas, alegría y música acariciaban el aire surcando, entre los oídos de todos, como sinfonía de belleza natural. No podía entregarse a la alegría, con los ojos entrecerrados sólo tenía tiempo para verla a ella, que entre el resto de los asistentes deslizaba su cuerpo al compás de las notas musicales. La imaginó de mil formas diferentes entre sus brazos. Sólo eran sueños, pensó, movió la cabeza, se sirvió una copa y nada dijo.
Caminó algunos pasos. Todos irradiaban alegría, amistad y cariño. Era un ambiente grato. Matrimonios, amigos e invitados.
La copa oscura que sujetaba su mano, hoy insegura, calentaba su contenido, prisionera entre las entrecerradas manos, la observó, la movió circularmente y llevó un pequeño sorbo hasta sus labios. Alguien le preguntó por qué no bailaba. Sólo sonrió sin dar respuesta. No podía decir a nadie que sólo quería bailar con ella. ¿Le diría ella que si? Esa era la incertidumbre. Estaba sentada lejos de él.
La hora avanzaba, miró su reloj, se puso nervioso. De pronto sintió una suave mano que se oprimió contra la suya.
- Bailemos este tema - dijo ella.
- Bueno - respondió.
Escuchó recién la música que invadía el ambiente. Nunca supo si otros asistentes a la fiesta estaban en la pista. Strauss sonaba como en día de matrimonio. Vals... como los novios... un sueño.
Estrechó la suave cintura, sintió bajo su mano deslizarse acompasadamente el cuerpo tibio de la mujer, la misma con quien tantas ocasiones soñó estar cerca, unidos como un sólo cuerpo. La poesía nunca escrita buscaba hoy sus más hermosas palabras al ritmo suave de la música.
Bajó la mirada en busca del rostro de ella. Recibió una sonrisa. Miró sus labios, se entreabrieron en una palabra que nunca escuchó.
Strauss sonaba como una cascada de notas que a pasos agigantados viajaba por el torrente sanguíneo, el corazón bombeó más rápido, algunas gotas de sudor llegaron a su frente mientras en un torbellino daban vueltas las cosas ante sus ojos, nada veía; buscó sus ojos, eran verdes, recién lo supo, vio el fondo de los pensamientos a través de ellos, descubrió asombrado lo que tanto había buscado, encontró la respuesta a sus sueños y esperanzas.
El desmayo rondaba su mente, la sangre se agolpó en su cerebro. ¿Era realidad o era sueño? ¿Decían la verdad esos ojos verdes que tenía por fin ante los suyos? ¿Desnudaba ella sus pensamientos por vez primera en tantos años o era sólo la imaginación de un hombre enamorado que buscaba a ciegas el mensaje que siempre quiso sentir?
Torrente de suavidad, dulzura de miradas, ternura de sentimientos, impulsos incontenibles, pensamientos insólitos, besarla allí mismo, entre todos los que le rodeaban, sin importar nada ni la mirada impenetrable de los invitados ni la curiosidad de los que ausentes conversaban en una esquina del salón. Sólo besarla.
La espalda fue acariciada imperceptiblemente por la mano femenina, sintió él la caricia en el fondo de su corazón. Volvió entonces a buscar en la profundidad de la mirada. Encontró la misma confesión. No había dudas mientras las notas de Strauss sonaban, interminablemente, ella desnudaba la verdad que tanto quiso guardar y que el quería escuchar. Era verdad, ambos se amaban de la misma loca forma.
Sin saberlo, sin darse cuenta bailaron segundos imperceptibles sin música, alguien dijo:
¡Terminó!
Lentamente, mirándose a los ojos separaron sus cuerpos sin darse cuenta si el resto de los asistentes a la fiesta había reparado en cada una de sus sensaciones. Nada había que decir con los labios, el corazón no sólo había hablado, sino gritado a todo pulmón los sentimientos. Los acontecimientos siguientes escribirán la historia más profunda de amor.