SUEÑOS
Autor: Luis Flores Olave
Todo lo que nos rodea es difícil, cuesta sentarse a la sombra de un árbol y meditar nuestros problemas; somos jóvenes y de ellos estamos llenos, sentimentales diría yo la mayoría, es increíble pero cierto, cuesta tanto conocer a esa otra persona que nos roba el sueño cuando descansamos y el pensamiento en casa actividad que realizamos. Verla cada día, conocer sus más íntimos deseos, tratar de satisfacerlos o por último y lo más importante, tratar de descubrir por qué está enojada, como hoy precisamente.
No es así como deben discutirse los problemas, sino de frente a el; pero, como saber en ese instante lo que ella piensa, no es que el amor sea unilateral, sé que nos queremos, pero tenemos dificultades.
Siempre uno piensa que se comporta lo mejor que se puede, pero en ocasiones no a gusto de ella. Es una de las razones contradictorias del amor, es tan hermoso pero tan difícil de llevar, es uno de los caminos que nos acerca hacia esa tan anhelada meta de todo ser humano: la felicidad.
Por fin he encontrado la sombra que tanto necesito para sentarme a pensar, deslizarme contra las raíces del árbol, como de las cosas que buscan meditación; miro las hojas que son como las ilusiones, las mece el viento llevándolas hasta la lejanía y trayéndolas de retorno luego a su seno de origen; el remanso que murmura en silencio la suave y melodiosa oración de quietud que va impregnando a las ideas-hojas, muestras tortuosas de aquellos sueños que nunca serán realidad, como el sueño del amor que se trunca al menor soplo de verdad incierta que nuestra mirada envuelva; traición es la palabra clave, siempre está presente, es el fantasma tétrico que sobrevuela la felicidad. ¿Por qué? Es una pregunta fácil de contestar. Desde que nació el hombre sobre la faz de la Tierra ha faltado a su palabra dada, traicionó Adán a Dios su padre; traicionó Judas a Jesús, su Maestro, esa es la carga que doblega nuestros hombros y nos hace ver sólo la oscuridad a nuestro alrededor: ¡Hasta cuando! Nadie puede decirlo. Por eso el hombre no cree al hombre aunque jure por Dios eterno. Somos capaces de traicionar nuestros sentimientos por un montón de burdos billetes que al final nada significan.
Nada es eterno, ni siquiera nosotros ¿Cómo serlo entonces nuestros sentimientos? ¿Hasta la muerte, entonces? ¿Pero sabemos exactamente lo que sucede en ella? ¡Realmente no! ¿Entonces como prometer por algo que no sabemos? Créeme, Nos queremos, pero sólo mientras estemos juntos, luego, mejor dudémoslo; pero, reanudémoslo cuando nos juntemos mañana. ¿Quieres?
Es lo más acertado, amarse es hermoso, pero hay que descubrir las tristes verdades a las cuales nos sujeta, a ti, a mí, a todos y a todo, total que podemos conocer de nuevo si sabemos que en general cuando decimos amor, es decir sueños y nada más.
Prepárense jóvenes, mañana miren y piensen, luego conversemos.
Cañete, Junio 17 de 1976
