NEOLIBERALISMO

Curanilahue visto desde Cerro Verde 1980Más allá de los cambios producidos en los ámbitos social y político a partir de la ruptura democrática del país, con la implantación del modelo neoliberal se determina el destino final de la industria carbonífera del país.

En este sentido, por algo más de dos  décadas la situación del país se ha caracterizado por dos rasgos contradictorios: un significativo progreso y crecimiento económico, por una parte y una heterogeneidad estructural que profundizan enormes diferencias entre sectores productivos y clases sociales donde en la región "la actividad carbonífera aparece con un sesgo marcadamente regresivo, arcaico, no moderno, que le da un carácter disonante" frente a otros sectores como el forestal, que en medio de la crisis del carbón construye una planta celulosa que demandó la inversión de 300 millones de dólares, en un área donde hay comunas que exhiben los niveles de pobreza más altos de la región: Lota (66,2 %), Curanilahue (64,7 %), Lebu (62,2 %), precisamente las tres comunas más afectadas por la crisis del carbón. Esta coexistencia en la estructura productiva de sectores colapsados (carbón), regresivos (agricultura), bloqueados en su potencial (pesquero), con sectores inexplotados (turismo), genera un juego de vacíos y desencuentros donde la inercia de los sectores débiles inhibe o interfiere el eventual despliegue de los segmentos más fuerte y dinámicos.

La modernidad tal como es entendida, separa la relación sujeto-objeto, hace que no solo se disponga de la naturaleza como objeto sino que se le explote indiscriminadamente, como si fuera algo ajeno al hombre, como si la depredación de los recursos naturales no afectara su desarrollo futuro. Así los polos de desarrollo fuertes y expansivos son precisamente los que facilitan el colapso de otros sectores e inhiben un desarrollo integral y armónico, complementario, expresándose patéticamente en la convivencia indiferente y pacífica entre la extrema pobreza y la extrema riqueza.

Plazoleta calle Ignacio SerranoEste modelo que supone el predominio de las fuerzas integradas por el capital financiero protagonizado por empresas transnacionales asociadas con grupos económicos nacionales, articulados en una cadena vertical entre productores, importadores y exportadores, lo que determina un notable debilitamiento de sectores productivos tradicionales "no exportables", los medianos y pequeños empresarios, dentro de los que calza toda la actividad carbonífera de la región, tanto estatal como privada.

La función del Estado ha cambiado, de ser benefactor a subsidiario, alternando la teoría neoliberal, puesto que adquiere un comportamiento funcional al sistema económico financiero ya que dicta las normas que conviene a los grupos hegemónicos por el bien de todos los chilenos. Existe una subordinación de la estructura productiva a la demanda internacional y el sector más dinámico de la economía es el ligado al comercio exterior. Claramente no es esa la situación del carbón en la región. Al contrario, como resultado de esta política, se importa carbón más barato que el que se produce en Chile, mediante la acción de las empresas transnacionales.

En el modelo neoliberal se confía en la bondad de automatismo del mercado, y como opera una economía abierta, ante la oferta de un carbón importado a más bajo precio, no se titubea en comercializarlo pues los bajos costos benefician a sectores productivos más dinámicos. Así van viendo rezagados sectores no competitivos y la lógica impuesta por el modelo opera también en los sectores con restricción económica, imponiendo una política asistencialista, manteniendo las crisis financieras mediante una acción subsidiaria.

Puente peatonal "La máquina" década del 80Como parte de esta estrategia pragmática y funcional, no debe llamar la atención que la industria del carbón no fuera privatizada durante el gobierno militar, que a la sazón privatizó todo lo que pudo. Claramente era una actividad deficitaria, pero siempre se evitó que colapsara (otra excepción-contradicción en el marco del modelo), tal vez porque los costos políticos de una crisis en la zona del carbón pudieron haber determinado una explosión social de inimaginables efectos ante una demanda muy sentida y de gran proyección afectiva en el resto de la comunidad nacional, como es el minero del carbón, más el creciente descontento de la sociedad civil frente al sistema dictatorial, tras la búsqueda de la democracia; la citada crisis pudo ser la situación que gatillara una movilización de grandes proporciones y con efectos en otros ámbitos del quehacer nacional.

Los cierto es que las contradicciones e inconsecuencias de un modelo económico impuesto con tanto vigor llama a especular respecto de la actitud asumida por los militares en el ámbito económico en la situación del carbón. Pero hay que decir que no sólo decisiones políticas lograron cambiar el estado de esta actividad. También se dieron condiciones climáticas, como la sequía que se presentó entre 1987 - 1991, que generó la demanda de carbón al poner en funcionamiento las termoeléctricas, grandes consumidoras de carbón nacional.

Pero nada de eso era suficiente para detener la crisis. En 1985 se produjo un masivo retiro de trabajadores de ENACAR, tentados por una doble indemnización. Pero la plata pronto se acabó y se abrieron paso hacia el sector marginal de la actividad, incrementando, junto a otros ex mineros, en cerca de 3.000 el número de pirquineros y el desempleo llegó aproximadamente a un 30 % en la zona. Por otra parte, el rol subsidiario del estado operó transfiriendo el fisco recursos a la zona del carbón, entre 1974 - 1992, de cerca de 420 millones de dólares. Y la crisis, lejos de superarse, mostraba síntomas más alarmantes, adquiriendo el problema una complejidad creciente. La respuesta gubernamental se expresó en la Ley Nº 19.129, que plantea la reconversión de la zona.

Tomado de: Breve historia de Curanilahue, Omar Mella


Página realizada por el profesor Luis Flores Olave